Hacemos cosas con las palabras. Algo que podría parecer tan evidente es una de las dimensiones del lenguaje menos estudiadas hasta nuestros días. El lenguaje no solo describe la realidad sino que la transforma.
Fueron J.L Austin (1911-1960) y J. Searle (1932-) quienes dejaron de analizar palabras y significados y pasaron a estudiar actos del habla. Para estos autores existen un tipo especial de actos que se denominan performativos, enunciados en los cuáles la misma emisión del mismo realiza el hecho que enuncia: “Doy por comenzada la fiesta”.
La cuestión de la performatividad va a ser un asunto clave en la forma de entender el género de una de las grandes feministas de nuestro tiempo, a la que dedicamos esta entrada: Judith Butler (1956-).
Butler tomará el concepto de performatividad de Austin y le otorgará una nueva dimensión, aplicándolo al género. Para ello se inspirará en las tesis de Derrida, para el que la performatividad no dependerá tanto de la intencionalidad del hablante sino que el significado de un enunciado se encuentra fuera del mismo, en el contexto cultural de la comunidad lingüística.
En 1999, cuando Butler publica El género en disputa, la interpretación tradicional del género dentro de la filosofía feminista seguía la línea que había marcado Simone de Beauvoir con su famoso: “No se nace mujer, se llega a serlo”. El género era pensado como una interpretación del sexo biológico, de la diferencia originaria que separaba a hombres y mujeres: la cuestión genital. Las expectativas de género dentro de este paradigma creaban una categoría “Ser hombre” y una categoría “Ser mujer” en función de la cual se desarrollaban unas determinadas expectativas de género. Todos y todas debemos interpretar una especie de papel en la sociedad en función del género al que hemos sido asignados.
Butler va a ir más allá. Planteará que el sexo biológico, tal y como era entendido es también un concepto sociológico o cultural y, además, es un concepto que da lugar a una interpretación del género como algo performativo. Esta última característica implica que el sexo no sólamente se dedica a designar una diferencia, sino que crea al mismo tiempo aquellas categorías culturales que denominábamos género y que tenían todo aquel armazón de expectativas y prácticas asociadas. En este sentido el género irá acompañado siempre de un determinado conjunto de dispositivos sociales y culturales que a través del premio y el castigo perpetúan su significación
Los cuerpos son cuerpos, absolutamente individuales. En el momento en el que escogemos una diferencia en los mismos y la categorizamos, creamos el binomio hombre/mujer, con todo lo que ello conlleva. Pero el elemento elegido para diferenciar los cuerpos es arbitrario, la elección podría haber sido cualquier otra, en vez de la cuestión genital.
¿Dónde está entonces el sexo biológico? Para Butler cualquier aproximación al mismo sólo puede ser cultural y por tanto lingüística, cargada de significantes. Su filosofía abre la puerta a entender el feminismo de un nuevo modo, ya no como la expresión de un sexo o identidad que ya estaba ahí de antemano. Todo esencialismo queda destruido. También abre la puerta al movimiento queer y plantea la posibilidad de constituir categorías abiertas, que no encarcelen a los cuerpos.
Las tesis de Butler, al mismo tiempo que son revolucionarias, no pueden dejar de ser polémicas por dos motivos fundamentales:
- La destrucción del esencialismo afecta necesariamente a la idea de identidad. La categoría “ser mujer” es reivindicada desde algunos sectores del feminismo de la diferencia como un lugar identitario común, cargado con un número determinado de significantes.
- La posibilidad de crear categorías abiertas es algo que podría parecer contradictorio con la propia naturaleza del lenguaje. Las palabras encierran significantes, organizan el mundo y necesariamente crean diferencia. El concepto es un ente cerrado, pues para que exista la comprensión, debemos identificar qué circunstancias determinan el uso del mismo y eso implica saber el número de significantes que encierra.
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