Ir al contenido principal

Ver y no ser visto: la cosa va de superheroes.






Imaginad que encontráis una reliquia ancestral, un anillo que al girarlo en vuestro dedo, os permitiese volveros invisibles al mundo. ¿Para qué utilizaríais ese poder? ¿Os convertiríais en super heroes o en super villanos?

Analicemos un poco la figura del héroe y el villano a través de la literatura gráfica y el cine de nuestros días. Ya sea en Marvel o DC, las dos grandes fábricas de super heroes, nada distingue al villano del héroe en sus capacidades, pues ambos poseen la mayor parte de las veces un talento (humano o sobre humano) que les permite situarse por encima del resto de la sociedad. Lo que les distingue es qué eligen hacer con ese poder que les ha sido conferido.


El villano normalmente está motivado por impulsos egoístas, se deja llevar por su propia voluntad, toma lo que quiere y desea, pues tiene la capacidad para ello. En muy escasas ocasiones el villano actúa como actúa con una clara intención de escoger el mal por el mal (aunque el Joker sería un contraejemplo bastante evidente). Lo más habitual es que el villano ambicione situarse en una situación de dominio sobre el resto, e intente hacerlo gracias a sus habilidades especiales.

El héroe o heroína, sin
embargo, sacrifican una y otra vez lo que pudiesen desear, sus propias apetencias, en favor de elegir hacer el bien por el bien. Sus figuras no puede estar sometidas a castigo alguno y, sin embargo, deciden entregarse al bien común de toda la sociedad. Superman representa de este modo el modelo que todos y todas deberíamos imitar, la imagen de cómo deberíamos pensar siempre en el bien común antes que en el beneficio individual, egoísta y personal.


El discurso moral imperante queda fijado de este modo y se reproduce a través de los medios culturales, que tienen muchas veces la función de proporcionar una educación moral a la sociedad, de decirnos qué es lo que está bien y mal. Ahora bien ¿dónde se sitúa el origen de ese discurso? ¿cuál es la motivación del mismo? ¿de verdad ese 'cómo debemos comportarnos' coincide con lo que es mejor para nosotros?

Apelar ahora a la figura de un Poder con mayúsculas, instancias superiores que con oscuras artes nos condicionan para que actuemos y pensemos de un modo que concuerde con sus intereses sería lo fácil. Sin embargo, como veremos, la realidad es mucho más compleja. No existe una mano invisible que dirija nuestros destinos, un monstruo gigantesco llamado Capitalismo o Estado, que decida definitivamente lo que está bien y mal y elimine cualquier resistencia. Lo que sí existe es un inmenso tablero de juego, en el que diversas fuerzas se enfrentan en un juego visible e invisible, en una lucha a muerte en la que se hacen trampas y a la vez se aparenta que se siguen las normas.

El dilema del anillo con el que comenzábamos esta unidad es muy antiguo, aparece ya en la República platónica, escrita en el S. IV a.C y debería hacernos reflexionar sobre dos cuestiones importantes:

  1. El lugar en el que nos situamos en el terreno de juego. En el contexto social en el que vivimos y nos desarrollamos existen una serie de reglas y valores morales que nos vienen dados, en los que nos educan. Si cumplimos con dichos valores la sociedad nos recompensa, del mismo modo que nuestros padres nos recompensan y halagan si sacamos buenas notas.
  2. Cómo jugamos el juego. Todo individuo posee un cierto poder. Lo que ocurre es que son instancias superiores a nosotros, otras fuerzas con mayor capacidad para obrar, para recompensar o castigar, las que están marcando las reglas de mi vida. Mi modo de jugar el juego, obedeciendo las normas o quebrantándolas para obtener algún beneficio, determinará si puedo o no acceder a posiciones en las que tenga un mayor margen de maniobra.

Así, es fácil entender por qué desde muy atrás existe en la tradición una vinculación muy fuerte entre el concepto de poder y el de la visión. Esta relación es simbólica. Si yo me pusiera aquel anillo que me hace invisible, estaría más allá de toda norma, saldría del tablero de juego y, al igual que el super héroe o el villano, podría hacer lo que quisiera. No existiría nada que pudiera vigilarme, poderes superiores a mi que me controlaran. La visión en este sentido se articula como un privilegio que aumenta mis capacidades y escapar de la visión de otros me permite evadir el castigo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Butler y la performatividad.

Hacemos cosas con las palabras. Algo que podría parecer tan evidente es una de las dimensiones del lenguaje menos estudiadas hasta nuestros días. El lenguaje no solo describe la realidad sino que la transforma. Fueron J.L Austin (1911-1960) y J. Searle (1932-) quienes dejaron de analizar palabras y significados y pasaron a estudiar actos del habla . Para estos autores existen un tipo especial de actos que se denominan performativos , enunciados en los cuáles la misma emisión del mismo realiza el hecho que enuncia: “Doy por comenzada la fiesta”. La cuestión de la performatividad va a ser un asunto clave en la forma de entender el género de una de las grandes feministas de nuestro tiempo, a la que dedicamos esta entrada: Judith Butler (1956-). Butler tomará el concepto de performatividad de Austin y le otorgará una nueva dimensión, aplicándolo al género. Para ello se inspirará en las tesis de Derrida, para el que la performatividad no dependerá tanto de la intencionalidad...

John Rawls y el velo de la ignorancia.

A Theory of Justice (1971) se ha constituido en los últimos tiempos como una de las principales defensas del liberalismo en el terreno de lo social. Sus tesis se enfrentan principalmente a algunos de los autores de la  corriente marxista de la filosofía, una de las grandes influencias del pensamiento contemporáneo. Rawls reprochará a estos filósofos el haber dejado de lado la teorización acerca de las cuestiones morales y de la justicia. Para entender la obra cumbre  de J. Rawls, debemos entender qué significa el contractualismo dentro del contexto de la filosofía política. Las teorías del contrato social son aquellas que parten de la suposición de que para vivir en sociedad, el ser humano debe firmar un pacto implícito. En él, a cambio de abandonar la libertad total de la que gozamos en un supuesto estado de naturaleza, obtenemos una serie de derecho y condiciones de seguridad. Las teorías filosóficas contractualistas más conocidas se desarrollan a lo largo de la ...

La subsunción del Yo en la filosofía de Kant.

La distinción entre Objeto y Sujeto, entre un Yo que conoce y un Mundo que puede ser conocido es un o de los elementos claves de la Filosofía Moderna, que sigue el camino que inicia Descartes. Sin embargo, con el paso del tiempo, la sospecha de que Descartes ha hecho trampa a la hora de evitar el problema del solipsismo va dejando lugar a una intuición que cada vez se hace más evidente en Filosofía: la idea de que no podemos salir de nuestras representaciones del mundo para ver cómo éste es en sí, es decir, la idea de que no podemos saber cómo se configura realmente la Realidad. Kant afirmará que nosotros no conocemos las cosas tal y como son en sí mismas, sino que de las cosas sólo conocemos aquello que ponemos en ellas, no conocemos noúmenos , sino fenómenos . Dicho en otras palabras, ya no es la realidad quien impone sus esquemas a la mente, sino la mente quien impone sus esquemas a la realidad. El mundo, tal y como es en sí, es incognoscible para nosotros. A esta f...